Los Bosques del Monte Corona, un gran mosaico forestal entre la montaña y el Cantábrico
Una ruta circular desde La Tejera que enlaza secuoyas, bosques de ribera, hayedos, robledales, miradores y pequeñas ermitas en uno de los montes forestales más singulares de la costa occidental de Cantabria.
La Tejera y el bosque de las secuoyas
El recorrido comienza en el aparcamiento de La Tejera, junto al Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón. Aunque la ruta se dirige enseguida hacia el Monte Corona, merece la pena reservar unos minutos para contemplar este extraordinario rodal forestal.
En apenas 2,5 hectáreas crecen 848 secuoyas rojas o californianas plantadas a finales de la década de 1940. Algunos ejemplares se aproximan a los 50 metros de altura, creando un ambiente poco habitual en los paisajes forestales de Cantabria.
Gigantes californianos en Cantabria
Las secuoyas conviven con pinos, cipreses, abetos y especies autóctonas como robles, hayas y castaños. Este pequeño bosque constituye una magnífica introducción a una jornada donde el arbolado cambia constantemente.
El Arroyo Llaín y el bosque de ribera
Desde La Tejera se remonta el curso del Arroyo Llaín. Alisos, sauces y avellanos acompañan el agua y forman un corredor fresco y húmedo que contrasta con las plantaciones forestales de las laderas próximas.
Este primer sector permite entender uno de los rasgos más interesantes del Monte Corona: el paisaje no responde a un único tipo de bosque. A lo largo del recorrido se suceden masas autóctonas, plantaciones productivas y áreas manejadas durante décadas, creando un mosaico forestal muy diverso.
Casa del Monte y San Esteban
El camino asciende hacia la antigua torre de vigilancia forestal de la Casa del Monte, uno de los elementos más reconocibles del Corona. La ruta continúa después hacia el entorno de la ermita de San Esteban, situada en una posición elevada.
Este sector ofrece algunas de las mejores vistas de toda la jornada. En días despejados se domina la costa occidental de Cantabria y el paisaje protegido de Oyambre, con el mar Cantábrico apareciendo detrás de un amplio frente de bosques y praderías.
Las Argayás y el Regato de Bichurichas
El área recreativa de Las Argayás permite observar una de las mejores secciones del mosaico forestal del Corona. En una vertiente dominan las plantaciones de roble americano y eucalipto; en la otra aparecen bosques caducifolios de hayas y robles, con el Cantábrico cerrando el horizonte.
La Canal de San Antonio
Uno de los tramos botánicamente más ricos aparece en la Canal de San Antonio. Hayas, cajigas, abedules, arces, alisos y avellanos crean un bosque mucho más próximo a la vegetación atlántica tradicional.
La abundancia de árboles viejos y madera madura favorece además una fauna forestal muy especializada. Arrendajos, carboneros, pinzones, trepadores azules y cárabos utilizan estos bosques, junto con insectos asociados a los grandes robles.
El gran capricornio
Este espectacular escarabajo de largas antenas está ligado a robles maduros y viejos. Su presencia es un buen indicador de la importancia ecológica de los sectores mejor conservados del Monte Corona.
San Antonio y regreso a La Tejera
En la parte occidental del recorrido se alcanza la ermita de San Antonio y su campa. Cada 13 de junio el lugar acoge una romería tradicional, pero durante el resto del año funciona como una agradable zona de descanso rodeada de bosque.
Desde aquí el itinerario comienza el regreso, vuelve a conectar con el entorno del Arroyo Llaín y desciende progresivamente hasta La Tejera. El circuito termina así muy cerca del punto donde comenzó, después de atravesar algunos de los paisajes forestales más variados de la costa occidental.
Secuoyas gigantes
Un rodal histórico de 848 ejemplares recibe al senderista junto al punto de partida.
Mosaico forestal
Hayedos, robledales, bosque de ribera y plantaciones muestran distintas formas de gestión del monte.
Miradores costeros
San Esteban y Las Argayás ofrecen amplias panorámicas hacia Oyambre y el mar Cantábrico.
Fauna de bosque
Aves forestales e insectos ligados a los robles maduros encuentran refugio en el Corona.
Antes de empezar
La ruta acumula unos 13,8 kilómetros, aunque el desnivel ronda únicamente los 230 metros. La dificultad procede más de la duración que de las pendientes.
Los caminos interiores pueden embarrarse bastante y algunos sectores forestales mantienen humedad durante días. Utiliza calzado con buena adherencia y evita atajos.
Monte Corona es un monte gestionado y pueden existir trabajos forestales puntuales. Respeta señalizaciones temporales, maquinaria y cualquier cierre preventivo que encuentres.
El entorno de las secuoyas recibe numerosos visitantes. Si realizas la ruta en fin de semana o temporada alta, llegar temprano facilita el estacionamiento y permite comenzar con más tranquilidad.
