Los Pueblos de Lamasón, una ruta entre ríos, románico y paisaje ganadero
Un recorrido circular que enlaza Quintanilla, Sobrelapeña, Lafuente, Cires y Río atravesando caminos rurales, invernales y praderías, con el río Tanea y sus afluentes como hilo conductor de uno de los valles más tranquilos de Saja-Nansa.
Quintanilla y el río Tanea
La ruta comienza en Quintanilla, el principal núcleo de población del municipio de Lamasón. El pueblo se asienta junto al río Tanea, que atraviesa el valle de sur a norte desde las laderas de Peña Sagra y condiciona buena parte del paisaje que encontraremos durante la jornada.
En este primer tramo se percibe con claridad la relación entre los pueblos y el agua. Fresnos, avellanos y chopos acompañan las orillas, mientras el cauce se encaja progresivamente entre las peñas de Arria y Ozalba antes de abandonar el valle.
Caminos entre pueblos
La esencia del itinerario está en caminar de núcleo en núcleo utilizando pistas, caminos tradicionales y pequeños tramos de carretera local. Es una forma especialmente directa de descubrir la estructura histórica del valle y su relación con los prados y el ganado.
Sobrelapeña y la iglesia de Santa María
Desde Quintanilla se alcanza pronto Sobrelapeña, capital municipal. El camino pasa junto a la iglesia de Santa María, reedificada en el siglo XVIII y levantada en una posición elevada desde la que se domina la parte baja del valle.
A partir de aquí la ruta comienza a ganar altura por una pista y continúa entre caminos rurales e invernales al pie de las peñas de Arria. El paisaje cambia: los pueblos quedan abajo y los prados y construcciones ganaderas adquieren todo el protagonismo.
Invernales: la memoria ganadera del valle
Uno de los elementos más interesantes de la ruta son los invernales. Estas construcciones ocupan una posición intermedia entre los pueblos y las brañas altas y permitían resguardar el ganado durante los meses más duros antes de trasladarlo a los pastos de verano.
Muros de piedra, pequeñas cabañas, cierres y praderías muestran todavía una organización del territorio basada en el movimiento estacional del ganado. Es un paisaje cultural que explica buena parte de la identidad de Lamasón.
Santa Juliana de Lafuente
Lafuente conserva una de las grandes joyas del itinerario: la iglesia románica de Santa Juliana, declarada Bien de Interés Cultural en 1983. Es un pequeño templo construido entre finales del siglo XII y comienzos del XIII, con una sola nave, ábside semicircular y espadaña.
Su interés es excepcional porque constituye una de las muestras románicas más destacadas de esta zona del valle del Nansa.
Los Pumares y la subida hacia Cires
Desde el barrio de Los Pumares comienza una nueva subida por caminos y pistas entre praderías. La ruta gana altura de manera progresiva hasta alcanzar Cires, el núcleo situado a mayor cota de todo el municipio.
La recompensa es una panorámica mucho más amplia del valle. Desde Cires se comprende la salida natural de Lamasón hacia el este, por el Collado de Ozalba, y la conexión geográfica con Puentenansa y el resto de la comarca.
Río Tanea y afluentes
El agua vertebra todo el valle y mantiene fresnedas, avellanedas y vegetación de ribera.
Románico de Lafuente
Santa Juliana es una de las principales piezas patrimoniales de la ruta.
Invernales tradicionales
El recorrido explica sobre el terreno la organización ganadera histórica del valle.
Cinco pueblos
Quintanilla, Sobrelapeña, Lafuente, Cires y Río ofrecen una visión completa de Lamasón.
Río y regreso a Quintanilla
Desde Cires se desciende entre prados hasta alcanzar Río, pequeño núcleo situado junto al arroyo del mismo nombre. El agua vuelve a marcar el paisaje y acompaña buena parte del último sector de la excursión.
Siguiendo la ribera y los caminos de la zona baja se completa el circuito hasta Quintanilla. El final resume bien el carácter de la ruta: pueblos pequeños, prados, cursos de agua y un territorio en el que la actividad ganadera sigue explicando la forma del paisaje.
Antes de empezar
El recorrido no presenta pasos técnicos relevantes, pero supera los 10 kilómetros y acumula alrededor de 430 metros de ascenso. Conviene estar habituado a caminar varias horas.
El río Tanea y los arroyos del valle pueden experimentar crecidas importantes. Tras episodios intensos de lluvia es recomendable comprobar el estado del recorrido antes de salir.
Los senderos y pistas entre invernales pueden presentar bastante barro, especialmente en invierno y primavera. Utiliza calzado impermeable y con buena adherencia.
La ruta atraviesa un paisaje ganadero activo. Mantén los perros controlados, respeta cierres y portillas y evita entrar en prados fuera del trazado.
